Rubén Blades responde a Maduro: Llevo junto a mi alma a Venezuela

blades

El cantante, Rubén Blades, contestó ayer a
las declaraciones del presidente Nicolás Maduro sobre el escrito que
publicara el salsero en su página web.
El panameño dio las gracias al mandatario por
“otorgar la atención de su valioso tiempo” a sus palabras y enumeró
varios comentarios que justifican sus comentarios sobre la situación en
Venezuela.
Blades mostró sus dudas al decir que “hoy
Venezuela no es una Nación unida: es un país cuya población está
polarizada políticamente, una sociedad sumida en contradicciones obvias,
con un gobierno electo por un estrecho margen, 1.49%”, dijo, y agregó
que “Ese gobierno, sin embargo, está decidido a imponer un sistema
político/económico (que no califico ni descalifico), pero que obviamente
no es aceptado por la mayoría de la población. En una situación como la
descrita, parece recomendable realizar una consulta nacional para que
el pueblo tome su decisión. Sin ello, lo que se percibe es eso, una
imposición”.
Advirtió que no cree que el presidente Maduro
posea una mayoría representativa “que justifique lo que le está haciendo
al país”.
“La oposición, mezcla de lo que existió en el
pasado político de Venezuela y de lo nuevo que hoy lucha por hacerse
respetar y considerar, no está formada por cuatro gatos fascistas, como
se pretende hacer ver”, agregó.
El músico se expresó en cuanto al alma venezolana:
“la conozco muy bien porque la llevo dentro, sin etiquetas, junto a mi
alma panameña y latinoamericana. Ese argumento no entra en esta
discusión (…) No necesito ir a Venezuela para encontrar a su alma,
porque ella va conmigo adonde sea que yo vaya”.

A continuación la carta completa:
Señor Presidente Maduro,
He tenido la oportunidad de ver un vídeo en el que
se dirige a mi persona, en ocasión de una nota que he publicado en mi
página de internet. No acostumbro responder comentarios, pero me siento
obligado a referirme a sus palabras por el hecho concreto de que en el
vídeo mencionado, usted me nombra directamente. Espero que el dicho
vídeo no resulte una falsificación como las que hoy abundan en internet,
y si lo fuera, confieso que es de muy buena calidad.
Con el respeto que merece su condición de
Presidente, y como tal, representante de una Nación, debo iniciar esta
nota agradeciendo el tono general de su comentario a mi escrito. Me
complace entender en su gesto amable, que comprendió la buena intención
de mis pensamientos, hechos con el corazón puesto en el pueblo
venezolano.
Sin ánimo de entablar duelos epistolares, comento
solamente con la intención de aclarar algunos de los temas por usted
expuestos en el día de ayer, que me atañen de manera personal.
1. Los comentarios expresados por mí, en relación
con la difícil situación que hoy vive Venezuela, no son derivados de las
noticias de CNN, o de Univisión, o cualesquiera otra fuente noticiosa,
“imperialista” o no. Nacen de cartas, comentarios y de reflexiones
hechas por amigos, dentro y fuera de Venezuela, y de la lectura
cuidadosa y analítica de innumerables publicaciones, tanto afectas como
antagonistas a su gobierno. El carácter diverso del material que
usualmente escojo para mis lecturas, tiende a nutrir amplia y
objetivamente mis puntos de vista.
2. No me he sumado, consciente o
inconscientemente, a ningún tipo de complot orquestado por la C.I.A., ni
formo parte de ningún “Lobby Internacional” con el propósito de crear
mala publicidad para gobierno alguno. Me sorprende escuchar una vez más
este tipo de acusaciones, en pleno siglo XXI, cuando debíamos haber
superado ese asunto de las etiquetas. Si critico a alguien que se
considera de izquierda, soy de la CIA; si critico a quien se considera
de derecha, entonces soy comunista; cuando critico al militarismo, soy
“subversivo”.
3. Considero como una verdad, el hecho de que el
extinto Presidente Chávez haya demostrado, con sus consecutivas
elecciones ganadas, el desprestigio de la partidocracia tradicional en
Venezuela, y el deseo de cambio expresado libremente en las urnas por la
voluntad popular. Pero también es verdad que hoy Venezuela no es una
Nación unida: es un país cuya población está polarizada políticamente,
una sociedad sumida en contradicciones obvias, con un gobierno electo
por un estrecho margen, 1.49%, que no alcanzó el 51% de los votos de
alrededor de un 80% de la población votante y con un ausentismo
electoral del 20.32%. Ese gobierno, sin embargo, está decidido a imponer
un sistema político/económico (que no califico ni descalifico), pero
que obviamente no es aceptado por la mayoría de la población. En una
situación como la descrita, parece recomendable realizar una consulta
nacional para que el pueblo tome su decisión. Sin ello, lo que se
percibe es eso, una imposición. Creo que su gobierno, Presidente Maduro,
no posee la mayoría representativa que justifique lo que le está
haciendo al país. Por otro lado, la oposición, mezcla de lo que existió
en el pasado político de Venezuela y de lo nuevo que hoy lucha por
hacerse respetar y considerar, no está formada por cuatro gatos
fascistas, como se pretende hacer ver. Es una vital cantidad de
personas. En estas circunstancias, la realidad de Venezuela es hoy como
sería la de una casa donde la familia esta dividida, y existen
habitaciones en las que la otra mitad no puede vivir, ni transitar. La
Venezuela de hoy no es la Nación que todos sus habitantes desean, es una
versión de país a la que sólo parece apoyar el 50% de la población,
tomando en cuenta el total de los votos emitidos en las elecciones del
2013. Esa realidad determina la necesidad de considerar una modificación
del rumbo presente, en busca de un balance que permita el desarrollo
del argumento nacional en sus propios términos, más realista y menos
agresivo; una Venezuela en la que no sean necesarios los gritos de
“Patria o Muerte”, entre hermanos.
4. Como los Chavistas se auto-definen como
“Socialistas”, debemos asumir que comprenden de lo que hablan, y que han
estudiado a quienes inicialmente convirtieron las teorías sociales de
Marx y Engels, en propuestas experimentales del socialismo y el
comunismo, particularmente en Rusia, tras la revolución bolchevique de
1917. Deben conocer, por ejemplo, los comentarios vertidos por Vladimir
Ilich Lenin en su folleto titulado, “La Enfermedad Infantil del
Izquierdismo en el Comunismo”, (este título no es un artificio al estilo
Borges, así lo tituló el propio Lenin y si no lo creen, pregunten a
Fidel, que él debe haberlo leído). En ese escrito cita Lenin los errores
que se cometen en nombre del izquierdismo, por no considerar las
circunstancias objetivas a la hora de tomar decisiones, y peor aún, las
consecuencias históricas que produce no reconocer y rectificar dichos
errores. Allí describe cómo, en 1918, los camaradas Radek y Bujarin,
máximos representantes del entonces llamado “Comunismo de Izquierda”,
fueron obligados a reconocer públicamente su error, al no comprender ni
aceptar inicialmente que, el argumento para justificar la Paz de Brest,
no constituía necesariamente un compromiso con los imperialistas, sino
que obedecía a una necesidad política determinada por las condiciones
objetivas del momento, algo que Lenin describió como un “do ut des”, un
te doy para que me des. La metáfora que hace Lenin sobre asaltantes y
asaltados aclara muy bien el argumento. ¿No es, acaso, un “do ut des” el
acuerdo que tiene Venezuela con el “imperialismo” en el caso del
petróleo venezolano, que suple a Estados Unidos a cambio de los dólares
que necesita la economía del país?
5. Este mismo criterio indicaría que, en las
presentes circunstancias, no resulta apropiado que su gobierno imponga
sus deseos, o desconozca, o pretenda ignorar la validez de los
argumentos planteados por sus críticos venezolanos. No creo que es a
través de la represión, la censura, o el recurso demagógico que se
produce la respuesta racional a una condición objetiva inobjetable. Tal
actitud solo provocaría más violencia, que generaría la posibilidad de
una ingobernabilidad, un vacío político que podría ser llenado con un
golpe militar, la única institución con la capacidad de organización y
poder coercitivo para enfrentar el caos institucional y civil
resultantes.
6. Nunca he estado, no estoy, ni estaré de acuerdo
con intervenciones armadas del país que sea en los asuntos internos de
nuestras naciones. Categóricamente lo digo. El mío sufrió ese mal, y no
lo justifico de ninguna manera.
7. Aunque agradezco su invitación a visitar
Venezuela, no considero apropiado aceptar en este momento. Tal visita
podría ser considerada como un endoso a su gestión y a la posición de su
gobierno. De igual forma, tampoco aceptaría una invitación en tal
sentido por parte de los que lo oponen; no ahora. Y para aclarar aún más
este punto, he recibido también ofrecimientos de trabajo importantes
para ir a Venezuela este año, y de igual manera las he rechazado porque
no me parece correcto hacerlo en las actuales circunstancias que vive el
país.
8. En cuanto al “alma venezolana”, señor
Presidente, y a la nobleza de su pueblo, la conozco muy bien porque la
llevo dentro, sin etiquetas, junto a mi alma panameña y latinoamericana.
Ese argumento no entra en esta discusión. Esa alma, además, me la
encuentro dentro y fuera de ese noble país, desde mi primera visita en
los años 60. Y se acrecienta con los años y se reaviva en mi amistad con
César Miguel Rondón, Pedro Leon Zapata, el finado, pero aun amigo, José
Ignacio Cabrujas; Jonathan Yakubowicz, Edgar Ramirez, Budu, Oscar de
León, Clarita Campins, Marilda Vera, Gustavo Dudamel, Ozzy Guillén, el
gran Luis Aparicio; en mi admiración por Don Simón Díaz -cuya
desaparición justamente hoy tenemos que llorar- Aldemaro Romero, el
Profesor Abreu y tantos otros magníficos expositores del talento,
capacidad y nobleza del pueblo de Bolívar. Todos ellos me refuerzan la
presencia de esa alma. Y quizás ninguna me resuene por dentro más
representativa que la de mi querido y recordado amigo, Luis Santiago,
que se nos fue joven, durante la tragedia de La Guaira del ’99, y por
eso será joven eternamente, igual que el inspirador ejemplo planteado
por la excelencia de los jóvenes de El Sistema, el grupo de las
Orquestas y el vocal, todos maravillosos ejemplos de lo que logra el
trabajo, la disciplina y la esperanza de ser mejores. Sin alharacas, ni
alaridos panfletarios, con la guía de maestros venezolanos, el sector
popular demuestra su calidad mundial.
No necesito ir a Venezuela para encontrar a su alma, porque ella va conmigo adonde sea que yo vaya, desde hace tiempo ya.
9. No deja de tener credibilidad la afirmación de
que, bajo gobiernos de lo que se denomina izquierda, se crean más
oportunidades para el sector popular. Por regla general, los gobiernos
que se dicen de derecha se preocupan más por sus intereses particulares
que por los del pueblo al que alegadamente representan. Pero creo que
hay distintas versiones con las que tipificar el empoderamiento del que
usted habla (entendiendo que “empoderar” significa el dar posibilidad de
hacer y poder) al “Pablo Pueblo” que describo en mi canción. Una de
ellas es creando el espacio para que su dignidad sea respetada y sus
derechos también. Otra es brindando la oportunidad para desarrollar su
capacidad, no solo con subsidios que lo hagan dependiente de otros, o
que estimulan los peores instintos que todos poseemos. Para mí, la
verdadera revolución social es la que entrega mejor calidad de vida a
todos, la que satisface las necesidades de la especie humana, incluida
la necesidad de ser reconocidos y de llegar al estadio de
auto-realización, la que entrega oportunidad sin esperar servidumbre en
cambio. Eso, desafortunadamente, no ha ocurrido todavía con ninguna
revolución.
Le expreso mis opiniones, Señor Presidente, sin
odio, sin agendas secretas, ironías, ni intereses subrepticios. Reitero
mi agradecimiento por el tono de su conversación y por su consideración
al otorgar la atención de su valioso tiempo a las palabras de este
panameño de Latinoamérica.
Termino con una especie de ruego a los bandos
enfrentados en la querida Venezuela: empiecen a sumar y dejen ya de
restar. Y que se detengan los insultos y la diatriba, para que los
venezolanos empiecen a conversar; que el silencio es el mejor preámbulo a
un diálogo razonado.
Viva Venezuela!
Atentamente,
Rubén Blades
20 de Febrero, 2014
Tomado de: El-nacional.com

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